Y envuelve un cigoto en papel celofán dorado;
y lo envía a la tierra para que sea más inútil
y camine con sandalias
en los dedos.
Empapela sus venitas
en canela amarronada,
y brinca en su boquita
el gato más morado.
Sucede que omnisciente
sucumbe a los ronquidos,
la perla tornasol que obedece
tal ombligo.
Son veces los sabores
que me saben al pasado;
son escamas los terruños
que me albergan hojalata.
Sos el ombligo de mi sombra,
sos pureza, mi deshonra;
paroxismo
sos parodia.
10.4.11
9.4.11
Rizadísimos.
Hay cosas que el hombre
debe decir con la boca abierta,
los párpados preñados
y las raíces desnudas,
desnudeces.
todos exudan licor
por la estreches de sus
gargantas, embudadas
cual botella sempiterna
y soy rigor del adulterio;
y soy rigor del adulterio;
soy ingenua por certeza
creo en sombras por complejo,
y amo en verso los domingos
o los viernes,
y voy dejando al encanto bien arropado
en pimpinelas,
dejando que el arrollo
brotara entre mis celas más plateadas,
más importantes.
más importantes.
qué obsoletos aquellos hombres nueces;
el soneto de mis falacias
y el vuelco de mi pies rizados,
rizadísimos.
Dos dedos para una nariz
Ya llevo veinte bolígrafos;
ocho negros, tres azules
ocho negros, tres azules
[y viceversa.
Vete a la mierda -dije-,
y cerré la conversación.
Ha surgido de nuevo
esa necesidad vergonzosa,
de irme hasta la última
página del libro a leer el final
y matar las páginas de ruido.
apuntarme directo
a la boca con dos dedos
y disparar.
como con tus dedos,
cuando en cambio
detengo las balas con mi lengua
y sigo viva.
Que soy alimento para peces,
dirías.
que tienes ojos enormes,
te digo.
vuelvo con retórica gregoriana,
recién maldita,
recién fulana
y me aprieto las raíces
que son mis pies.
tengo una forma
para
ajustar tu cráneo en mi tórax;
tengo una fórmula
para
callar cuando rediseño tu esbozo.
y aparezco en todas tus esquinas
y te inquietas.
sé muy bien cuando me escapas,
porque comienzas a escribir en otro idioma.
cartas
a todas las mujeres que
no fueron tus mujeres;
cartas
a la Srita. Romero,
con posdatas ilegibles.
cartas
para volverte más
adulto i rresponsable.
cartas
para desmemoriar
a todos los elefantes
que pinté en el techo.
cartas
para embriagarte
y pedirme a las 2am
que atienda el teléfono.
cartas
nocturnas,
porque nocturno
te entregas a mis ruiditos.
tanteando
me pides peso;
tanteando
en la ruidera,envías
cartas
a la habitación de al lado,
excusando mi estancia en tu lugar;
y sueltas un gas.
Eres la bola de carne más ebria que he vivido en mi vista.
Que estoy mintiendo, dirías.
me inclino de puntitas, y
con un cuadro abollo
tu nunca.
en silencio, pides perdón
y te vuelvo a la vida
con mi pecho izquierdo
en tu boca.
Después de todo; todo viene después.
Vamos a rezar con celo, mivida.
vamos a hacerlo sin prisa, despacio,
entre los dientes.
del vino a la boca
del vientre para afuera.
vamos a hacerlo sin prisa, despacio,
entre los dientes.
del vino a la boca
del vientre para afuera.
Fue desnuda hasta la cocina,
dejó su huella entre el buró; lo noté.
hizo panquecas y se le chorrearon
los talones. Era preciosa, según tus
cartas; era sedimento según mis huellas.
Era exquisita, y no le diste nada.
A mí tampoco. Era estúpida, según tu
padre; eras infeliz según mis pálpitos.
Un arre-bato, y sus diéresis en la frente,
por todos lados. Pelirroja. Tonta. Dulce.
Gris. Y yo que soy enjambre, te odio.
Te hostigo e insinúo que me molesta, que
te celo. Desmedida y diacríticamente.
Le aburres. No haces nada y se marcha,
y se marcha. No haces nada, no le
detienes, te brinca la lengua y se marcha.
Y yo, que me vestía de prisa, apurándome a las
horas; que me desvenaba en escalones de escarcha
horas; que me desvenaba en escalones de escarcha
me desvenía en tu sonrisa, mi gran desnudo,
mi Dios en capas. La mina, Rojama y Benjamín.
mi Dios en capas. La mina, Rojama y Benjamín.
dos espuelas, mis caderas. Giro el reloj, y apago
el sifón de tu espejo. Reprendo la suichera, y la cocina
el sifón de tu espejo. Reprendo la suichera, y la cocina
nos aparta. La habitación de mi escueta panza y
yo que camino deprisa , me beso las manos.
Las grietas. Me busco las grietas, y en el baño escala
un vecino, tu pelo . La curva de mis batatas, y morder.
Escapar y romper, romper y romper. Junturas domés-
ticas. Apócame, opácame. Siéntome descalza,
y en mi planta tres ramas. En mi palma una dama;
fue ella tu mujer y me aplasto. Acentúeme, usted.
ticas. Apócame, opácame. Siéntome descalza,
y en mi planta tres ramas. En mi palma una dama;
fue ella tu mujer y me aplasto. Acentúeme, usted.
20.3.11
Onomatoritmo.
Después de todo, mi nombre se acentúa
una vez que yo lo decido así.
El mundo le ha indicado a mi madre
la forma en que un ciclón con vellos
debe mover la pelvis; tal vez el pubis.
Soy posesión de un extraño
que dice mi nombre sin acentuar;
tengo dos frentes en mi espalda
y la médula ósea yace
entre ceja y ceja; pues mi nombre
lo ha decidido así.
... pues mi nombre lo ha decidido así,
y no me importa.
Atiborra sus sienes de un
Júpiter más o menos cutáneo,
para entrometerse en los
asuntos de un Dios
cuyo infierno ha decidido,
que mi nombre encause
maldiciones di-amante
y que después de todo
ni se acentúe.
replico
replican
retoman
añoran
suspiran
y tienen vida propia,
las voces y trovadores que inducen
una pausa al pronunciar mi nombre.
Tengo como complejo habitual
ser tan sombra como pueda;
cuando griten las rameras yo
maldiga tan sombra
como pueda.
No sé pronunciar la erre y después
de todo mi nombre se acentúa
al palparle los testículos a
un ángel plateado;
estando en su vientre
todo, todo
disminuye el eco y
mis gemidos.
He querido amarrar los gatos
al escroto de mi buen nombre;
porque después de todo,
padezco el mal de los
párpados grises y
sin duda mi alma
tiene mala ortografía.
ahora llora
luego de comprender
que mi nombre no son más
que treinta dedos unidos;
que todos son tan bulímicos,
y entre sí se vomitan
apocalipsis en
granjeas.
que cuando escapan
de las Delicias,
me hacen recordar la
entrada a Caña de Azúcar;
porque ante cualquier
circunstancia de sosobra.
libidinosa y promiscua,
necesito de mi nombre
para crear otro sector
donde un demonio
viva con recelo.
... después de todo, mi nombre se acentúa
una vez que yo lo decido así.
8.3.11
Cuando nos duela.
Lo dudo, yo también lo dudo.
dudas
tú también dudas.
Desde anoche no callas, y quieres partir con vértebras.
quieres descalabrar más de dos piernas
y eso no es posible.
ya no te es posible.
Madre de dos hileras, Hítaca os llama
os venera
os reclama vuestro congreso.
Más de veinte hijos,
mujer pecera;
sucumbe
a los anzuelos vida
y
transpira; como todos cuando se dejan derramar.
Cuando me sepas
cuando te sepa
y el casabe
y el café
y las tardes
nos hablen de lejitos.
Cuando me sepas
viviré en sosiego, L.
Cuando el lunar nos duela
grita
pacito, pero
grita.
Tu figura me invade
me hostiga
la carroña ya en tu vientre
nos calumnia los lunares.
Tú con prisa
y mi risa espera;
se propaga en tus pulmones
nos apaga las narices
nos/me enciende
a fuego lento.
Hoy te dejo
te brinco, y me doblego, L.
porque te amo, porque te espero...
Cuando el lunar nos duela
puja con fuerza y quémame los rizos.
Ellano ha partido y ya me sabe lejos.
dudas
tú también dudas.
Desde anoche no callas, y quieres partir con vértebras.
quieres descalabrar más de dos piernas
y eso no es posible.
ya no te es posible.
Madre de dos hileras, Hítaca os llama
os venera
os reclama vuestro congreso.
Más de veinte hijos,
mujer pecera;
sucumbe
a los anzuelos vida
y
transpira; como todos cuando se dejan derramar.
Cuando me sepas
cuando te sepa
y el casabe
y el café
y las tardes
nos hablen de lejitos.
Cuando me sepas
viviré en sosiego, L.
Cuando el lunar nos duela
grita
pacito, pero
grita.
Tu figura me invade
me hostiga
la carroña ya en tu vientre
nos calumnia los lunares.
Tú con prisa
y mi risa espera;
se propaga en tus pulmones
nos apaga las narices
nos/me enciende
a fuego lento.
Hoy te dejo
te brinco, y me doblego, L.
porque te amo, porque te espero...
Cuando el lunar nos duela
puja con fuerza y quémame los rizos.
Ella
20.2.11
La mordida profunda.
Hay una mordida profunda
incisiva
en el centro de mi sexo
por la cual yo me erijo como yo misma
y soy,
y poseo y dono.
Regalo mi cuerpo y mi ansia.
Hay una mordida en mí
que doblega al otro
lo arrodilla, lo inclina
por esa mordida se abre un vasto mar de vacíos
vértigos
precipitaciones
abismos
Me cruza una pendiente
me traza un precipicio
en el amor...
y en todas mis secretas junturas
con cuido, con recelo, tú te avienes a mí
y no me sabes.
incisiva
en el centro de mi sexo
por la cual yo me erijo como yo misma
y soy,
y poseo y dono.
Regalo mi cuerpo y mi ansia.
Hay una mordida en mí
que doblega al otro
lo arrodilla, lo inclina
por esa mordida se abre un vasto mar de vacíos
vértigos
precipitaciones
abismos
Me cruza una pendiente
me traza un precipicio
en el amor...
y en todas mis secretas junturas
con cuido, con recelo, tú te avienes a mí
y no me sabes.
Hanni Ossott.
¿Qué más doliente que El circo roto en aras del doblego?
De Hanni
por Hanni
y para Hanni.
5.2.11
Conversaciones de un martes en la tarde.
G: Espera, tengo muchas cosas en los bolsillos.
R: ¿Quién, yo?
G: No, no; yo.
R: Ah, yo también tengo muchas...
G: ¿Y en cuál me guardas a mí?
R: En el izquierdo de mi pecho.
Yo sonreí, cerré los ojos y volví a su pecho. Su mano yacía en mi cintura...
R: ¿Quién, yo?
G: No, no; yo.
R: Ah, yo también tengo muchas...
G: ¿Y en cuál me guardas a mí?
R: En el izquierdo de mi pecho.
Yo sonreí, cerré los ojos y volví a su pecho. Su mano yacía en mi cintura...
3.2.11
Madre, tú nunca sabrías.
Se avecinaba tanta calma que mis pies flotaban con gran descaro. Yo sólo subí dos escalones y casi sin sentir, me encontraba con la llave incrustada en la cerradura que confundí por un momento con mi ombligo. Al cabo de unos minutos, ya me encontraba en los talones de mi padre reparando su calzado. Reparando el ruedo que habría hecho mi madre antes de partir a sus oficios, y que hubiese hecho yo de ser más atenta. Entonces, subí la mirada y me encontré con el esbozo de las rayas de finos colores que pintorreteaban la camisa de papá. Papá es un hombre tenaz, sin duda. Es capaz de lucir voraz e ingenuo al mismo tiempo. Pero hoy, hoy lucia como un alma de palabras cálidas y sin querer ya me hacía orgullos en la frente. Mi padre con el pecho embelesado, es una alma pródiga y en susurro ajeno. Es quizá el alma más débil que atesoran mis dedos. Mi candidez, desde luego.
Unas horas después, vi como en silencio se escabullían mis temores; yacía la palma de papá en mi frente, en los tobillos, y en mis muñecas no tan sabias como las de él. Es mi madre la mujer de un gran hombre.
¡Es mi madre! -con astucia me dije- Al mismo tiempo me enternecían los suspiros de mamá, cuyos genes predominaban en mis cabellos de almacén y mi nariz. Caricias que sólo regala en mi lecho mortuorio cada vez en un año.
Es mi madre...
Incesante, insistente, escabrosa y maloliente yacía adjunta a las páginas de un libro que nunca terminé. Enchumbada por sopotocientas gotas de sudor y algunas lagrimitas que se me escapaban en silencio. Aislada, casi por temor. Estaba infecta, no más infecta de sosiego. Temían, al mismo tiempo en que juraban que era tan pasajero como el Padre Nuestro. Mis niñas a un costado de mis piernas, olfateándome cada poro, como inseguras de sí.
- Mami, estoy bien. -le dije- como para no angustiarle aspiré fuerte y la flema parecía tomar cuerpo en lo más oscuro del papel periódico. Ella estaba tan preocupada como yo el Octubre pasado. Y todo pasó. El tiempo nos dejó en...
- "En comunión con Cristo"... -dijo-
Recordé que la noche anterior había comulgado con descaro. Era otro vago recuerdo de mi inconsciente. Al finalizar cerré los ojos. Me di vuelta en la almohada de pepitas y caí de nuevo en un profundo descanso (casi eterno).
Desperté como si fuera la convicción, alguna costumbre propia de mis principios. Y allí estaba con mamá en la esquina de mi fétida habitación, la cual colmada de mi agria penumbra, aún podría destilar quizá un poco de ternura o tal vez desgano. No sé distinguirlo ahora. Hablábamos de ella, que era a quién podrían atribuirle el mayor tamaño de los trozos que dejé en su cama: la gorda de los rizos, mi hermana.
Releía, en conjunto propio de mi entera lucidez lo hermoso de sus rasgos más ilegibles. Era imposible entonces odiarle por tanta inteligencia que aún no logro descifrar. Ni por error alguno sé de lo que estoy hablando cuando digo: su inteligencia.
Volvieron y os juro que éste, fue uno de los días que más necesité en años.
No me crean cuando parezco ser inmortal; créanme ahora que soy tan débil como el mundo en general.
Unas horas después, vi como en silencio se escabullían mis temores; yacía la palma de papá en mi frente, en los tobillos, y en mis muñecas no tan sabias como las de él. Es mi madre la mujer de un gran hombre.
¡Es mi madre! -con astucia me dije- Al mismo tiempo me enternecían los suspiros de mamá, cuyos genes predominaban en mis cabellos de almacén y mi nariz. Caricias que sólo regala en mi lecho mortuorio cada vez en un año.
Es mi madre...
Incesante, insistente, escabrosa y maloliente yacía adjunta a las páginas de un libro que nunca terminé. Enchumbada por sopotocientas gotas de sudor y algunas lagrimitas que se me escapaban en silencio. Aislada, casi por temor. Estaba infecta, no más infecta de sosiego. Temían, al mismo tiempo en que juraban que era tan pasajero como el Padre Nuestro. Mis niñas a un costado de mis piernas, olfateándome cada poro, como inseguras de sí.
- Mami, estoy bien. -le dije- como para no angustiarle aspiré fuerte y la flema parecía tomar cuerpo en lo más oscuro del papel periódico. Ella estaba tan preocupada como yo el Octubre pasado. Y todo pasó. El tiempo nos dejó en...
- "En comunión con Cristo"... -dijo-
Recordé que la noche anterior había comulgado con descaro. Era otro vago recuerdo de mi inconsciente. Al finalizar cerré los ojos. Me di vuelta en la almohada de pepitas y caí de nuevo en un profundo descanso (casi eterno).
Desperté como si fuera la convicción, alguna costumbre propia de mis principios. Y allí estaba con mamá en la esquina de mi fétida habitación, la cual colmada de mi agria penumbra, aún podría destilar quizá un poco de ternura o tal vez desgano. No sé distinguirlo ahora. Hablábamos de ella, que era a quién podrían atribuirle el mayor tamaño de los trozos que dejé en su cama: la gorda de los rizos, mi hermana.
Releía, en conjunto propio de mi entera lucidez lo hermoso de sus rasgos más ilegibles. Era imposible entonces odiarle por tanta inteligencia que aún no logro descifrar. Ni por error alguno sé de lo que estoy hablando cuando digo: su inteligencia.
Volvieron y os juro que éste, fue uno de los días que más necesité en años.
No me crean cuando parezco ser inmortal; créanme ahora que soy tan débil como el mundo en general.
como los espirales de mi espalda, y los puntitos de los hombros del hombre que amo.
5.1.11
Cuando me da por Mariana.
[...]
Hace unos años que he querido bonificar a mis almohadas. Siento que se lo merecen; realmente lo merecen. Éstas cargan con el peso de todo y aún así, no siento pena por gritarles, patearles y hasta por maltratar a sus huéspedes: los ácaros. Y es que cuando me da por Mariana…
Sin duda, he sido una chiquilla rebelde, me he quitado el brassier en una cama donde a veces reposan los ángeles. He destrozado en ella, las tangas de Mariana (y es que a veces me da por Mariana). Más de una vez le corté el pescuezo al felposo Roberto. Y sí, en este régimen dictatorial definitivamente mando yo.
Hace unas horas que no paro el llanto. Sin embargo, reconozco lo exquisitas que lucen las páginas enchumbadas de ácido clorhídrico y solución salada. Y he de confesar, que Mariana me ha forzado a comulgar en público. Mariana me ha hecho cortar las telas del santo pecado y me he visto involucrada en el aborto de ángeles verdes, casi invisibles. Todo un vil descuido del capricho.
Mariana ha guardado su calendario menstrual entre las páginas de la Santa Biblia; y me ha hecho propasarme; no, que digo propasar: INDAGARLE al padre Alberto, sobre los estímulos involuntarios del pene, las delicias escondidas tras la estimulación anal y la genialidad de la sublevación religiosa. Y es que ya ni rezo. Mariana se ha encargado de hacer del rezo un poema erótico, vulgar y egocéntrico. Y sin contar las impertinencias que me ha hecho difundir; sin contar las escenas bizarras en la cocina de mi chico.
¡Has ido demasiado lejos, insurrecta Mariana, te lo advierto!
A pesar de todo, camino en silencio, acongojada y a la vez concreta, atenta y apresa de las tentaciones de Mariana, porque es que ésta es un alma libre y por libertad, entiéndase: chica-de-alas-escurridizas-listas-siempre-para-huir.
Y ésa es Mariana; la ambigüedad hecha pestaña. El desandar hecho pálpito. La verdad hecha patraña y
la mujer hecha demonio...
Os presento a Mariana, mi alter ego.
Y es que cuando me da por Mariana, las lechuzas son esporas. Las canciones de Calamaro son cháchara... y yo soy otra mujer con rímel de miel y almíbar.
Hace unos años que he querido bonificar a mis almohadas. Siento que se lo merecen; realmente lo merecen. Éstas cargan con el peso de todo y aún así, no siento pena por gritarles, patearles y hasta por maltratar a sus huéspedes: los ácaros. Y es que cuando me da por Mariana…
Sin duda, he sido una chiquilla rebelde, me he quitado el brassier en una cama donde a veces reposan los ángeles. He destrozado en ella, las tangas de Mariana (y es que a veces me da por Mariana). Más de una vez le corté el pescuezo al felposo Roberto. Y sí, en este régimen dictatorial definitivamente mando yo.
Hace unas horas que no paro el llanto. Sin embargo, reconozco lo exquisitas que lucen las páginas enchumbadas de ácido clorhídrico y solución salada. Y he de confesar, que Mariana me ha forzado a comulgar en público. Mariana me ha hecho cortar las telas del santo pecado y me he visto involucrada en el aborto de ángeles verdes, casi invisibles. Todo un vil descuido del capricho.
Mariana ha guardado su calendario menstrual entre las páginas de la Santa Biblia; y me ha hecho propasarme; no, que digo propasar: INDAGARLE al padre Alberto, sobre los estímulos involuntarios del pene, las delicias escondidas tras la estimulación anal y la genialidad de la sublevación religiosa. Y es que ya ni rezo. Mariana se ha encargado de hacer del rezo un poema erótico, vulgar y egocéntrico. Y sin contar las impertinencias que me ha hecho difundir; sin contar las escenas bizarras en la cocina de mi chico.
¡Has ido demasiado lejos, insurrecta Mariana, te lo advierto!
A pesar de todo, camino en silencio, acongojada y a la vez concreta, atenta y apresa de las tentaciones de Mariana, porque es que ésta es un alma libre y por libertad, entiéndase: chica-de-alas-escurridizas-listas-siempre-para-huir.
Y ésa es Mariana; la ambigüedad hecha pestaña. El desandar hecho pálpito. La verdad hecha patraña y
la mujer hecha demonio...
Os presento a Mariana, mi alter ego.
Y es que cuando me da por Mariana, las lechuzas son esporas. Las canciones de Calamaro son cháchara... y yo soy otra mujer con rímel de miel y almíbar.
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