23.8.15

Me concentro en decir solamente lo apropiado
y me mantengo en un polo que no distingo muy bien
esperando entenderte, soportando 
no ser y ser al mismo tiempo, 
comprobando en el oficio
que no me repongo de tantos ciclos,
soy este flujo engañoso que no ha cesado, 
el viscoso flujo enraizado 
a las falanges de mis padres,
soy de alguna manera
el primer hombre en recibir 
a mi madre con decoro
y desde entonces me mantengo en un cuajo
sin poder distinguir de qué lado me encuentro,
si es que estoy muy dentro  
o que ya no quiero repetirme
ya no intento que me recibas con decoro,
entregarme a ti ha sido un acto de valentía
como hincarme a conocerte: 
con la boca abierta,
con la mirada recta de quién recibe pan
y no se siente capaz de tragar,
como recibirte con mi herida divina
para que mi fertilidad alcance a la tuya,
con el desgano de quién soporta tus faenas,
como yo repitiéndome de nuevo,
siendo las putas de mi padre
hincadas a ti,
sola
tuya.


6.3.14

     El miedo condiciona en gran medida el acto de crear y en especial el de vivir. En algún espacio de la ciudad se encuentran esparcidos tres diarios, un adolescente y un niño llorón. A estos personajes atribuyo mis quejas. La pérdida es el acto más renovador, en primer lugar porque su integridad siempre se ve afectada por el miedo y en segundo lugar porque en la medida que aumenta cada giro,  uno admite su insignificancia. Rasgarse la piel es, creer que por cada respiración profunda un niño nace. Esta parte de mi vida no tendrá nombre y me tranquiliza, porque un día no tendré que mencionarla entre líneas. En el proceso se han despejado tantos días, dios mío, tantas caras. Que ahora siento, grito y me escuchan los niños de los diarios perdidos, se asoman por mi ventana, se aseguran de verme y corren para no dejarse ver. Poco a poco han ido perdiendo sus facultades para hablar, pedir, preguntar, escribir y sé que pronto serán más pequeños. Habrán tantas lágrimas, que alcanzará para un pozo de los deseos y regar las plantas de mi edificio.

A quién pueda interesar

http://youtu.be/GpFpl3aFGvw

8.1.14

Cuánt_  vive lo q_e no mu_re
cuá_to hiere, cómo huel_,
cuán_o si_nte lo qu_ no debe
y du_le
c_ando el dol_r cesa p_ro
no m_ere,
una voz q_e nace
que no pad_ce,
y env_jec_ porq_e no llueve
de grullas dor_das q_e ululan mi vi_ntre
de amo_es pleg_bles que van y
vie_en
bahía b_ndita
de ta_tos quereres
camino de grises t_ndido en mis si_nes
el tie_po per_ido solapa en mi fre_te
la llama inf_nita q_e aviva mi fuerte,
ento_ces
maúlla la luna cua_do por fi_
ama_ece
como un globo de sal qu_
tanto sac_de,tanto mece,
tanto remuev_, dios mío
que tanto oscurece
y cuánt_ crece,y cuán_o calla,
...¿mientas vi_o cu_to mue_e?

31.5.13

Buen viaje.

    Estoy al otro lado del cielo queriendo mirar con mis dos heridas, queriendo morder ese pulmón que acuna mi cuerpo y me anuncia que estoy dormida. Una mano viaja cerca de mi ombligo y se diluye en una curva indolora. Antes de partir le muestro el camino hasta mi origen. Seguido, bendigo el anular y lo guío hasta mi glotis porque yace ciego. El índice recorre una línea delgada que me divide en pliegues de dos en dos; tiene el espíritu del niño que reconoce una baranda con su dedo preferido y luego lo introduce en su boca. Así es como se va coagulando un gemido tras otro sin poder advertirle a un niño la tendencia a ser mujer. El gordo no sabe guiar porque sólo aprendió a cerrar el puño de los cobardes y me estorba. Y me parece que le estorba a alguien más. Me habitúo al posa bocas, al posa barbas, a la delicia del posa sexo. El posa pipa (que no es posa pipe) es mi favorito. Ahora, mi preocupación más grande son ese par de vuela cienes, que me adivinan expulsando nubes y me dan la vuelta entera avistando un suicidio. Los dedos van a paso corto y en lo que se refiere al dedo medio: va erguido, erecto como un Dios. Es el único políglota en tomar las decisiones de mi cuerpo, porque define mis rasgos como el disimulo de un trazo indígena y no me compara con ningún oriente. Es el único que habla, que me guarda para el resto del día. En cambio, el meñique de un pianista es el más difícil de educar. No es el dedo número cinco, porque deben entender que el meñique es sólo una extensión del dedo cuatro. El meñique enamora porque mata y ya saben cómo.


       

30.5.13

     Adueñarse de un recuerdo es como adueñarse del presente. Adueñarse de un recuerdo debe ser un acto de supervivencia, una habilidad divina. Es poder fabricar con la punta de la lengua aquel momento en que nace un Dios y se concibe a una hembra. Es poder observar cómo se contagia de piel humana todo el futuro. Es querer eternizar el buqué de un vino chileno y aguantarse las ganas de llorar en el olvido. Es lograrlo. Adueñarse del sentido del olfato, codificar un nuevo ruido. Volverse el himno de un gemido, honrar el jadeo. Colorear la plaza que pertenece a tres o a cuatro mendigos. Pedir permiso. Es acariciarse el centro uno mismo, morderse con los ojos el ombligo y renacer en un viso, en una fuga de gas o en un río. Desdibujarse en un vidrio empañado y confundir el aliento con el espesor de una sombra nueva, renacer en otra sombra. Ser la bola del espejo, ser la bola del espejo, ser la bola en el espejo: el hueco azul. Morder el punto y la coma, comerse la coma, desayunarse el punto un domingo en la cama, porque mi pijama es eterno. Y no acentuar nada, fingir que ya no importa el tamaño de la boca, que uno no se duerme pensando en Freud, ni en nadie. Que uno sueña con el piano una sola vez y lo agradece. Que la sangría no solamente se adueña del texto, sino que tiene la intención de recordar que los recuerdos son comestibles.  

19.4.13

Hito, es que

mañana, cuando abra los ojos
lo que quiero es, 
y lo que me gusta pensar que harás
es colocar tu boca
donde para mí,
siempre es más hermoso. 

24.3.13


     Te advierto que una vez por poco atropello tu recuerdo y muchas otras veces quise agredirlo lentamente. Quise censurarte, yo que no tolero los tapones de boca. Que no me gusta que me ataquen el desconsuelo cuando estoy silente. Que me arrugo cada vez que me tropiezo con escalones flexibles. A veces me sorprende la facilidad con la que describe su intimidad, porque una cosa son las habitaciones vacías y otra muy distinta son los cuerpos que se habitan. Yo, en mi muy personal opinión, creo que el futuro es un monstruo perfecto, una ligera capa que nos divide de una eterna identidad, o de todo lo contrario. Eventualmente tocará encender la lucidez de muchas soledades. Tocará reducir la vida a un salto de rayuela o a una costra marrón, que podría ser la de un hijo mío  o la de un hijo nuestro. Tocará diluirse en nombres imponentes y en un saco de suspiros, tocará  engendrar el carácter de los cuerpos que me habitan. Tocará sentirse ajeno a los domingos y a los días festivos, para que nuestras propias deidades se arrodillen en el pecho de uno de esos cuerpos tranquilos, porque algo me dice que la sumisión será nuestro último recurso y sin embargo hace tiempo que logré emplearme en tu muerte. Hace tiempo que tengo un cielo entre mi pelo y mi cadera, donde pasa tiempo tu recuerdo, escondido, denso y sumiso, porque así es como me gusta a mí. 

22.3.13


4.2.13

Bulbul.

Me resulta confuso encontrar tus iniciales en una sopa de letras;
porque le huyo constantemente a tu recuerdo
a tus gafas y a tu sonrisa
le huyo a tu boca, a tu lengua de animal
redondo
peludo
gordo de pena
maullo para que vuelvas y me salves
maullo para que me respondas con despecho, para saber que vives ermitaño
y adivinar de qué tamaño me odias
maullo, para que respondas
como los osos
para que cese tu llanto
y tus patas se vuelvan redondas,
como los días
maullo, porque antes de rezar maullo
y siempre me hizo falta un animal que me rascara la panza
y me sacara pulgas;
una necesidad casi permanente
que me hace recurrir al recuerdo,
al tangir de la memoria que te guardo.
Veo venir tus quejas, porque
aún no hago cosa que te haga bien;
Pero te di una libertad que pudiste morder de mi pelo, unos rizos
de mis pasiones
mis alas (ena)moradas
y los niños que quise.
Ven, ya crece conmigo;
es que te me haces cada vez más lejos
pero estás ya casi tan peludo como te dejé
y me emociona
me enternece,
porque no me posees
sino me poeses.


1.2.13

Traigo polvo del camino.

   Tendría que comprender que el día termina en un chorro de agua turbia que elimina el rastro de toda nimiedad. Tendría que obligarme a comprender que en algunas personas se envuelven los recuerdos y el sabor a otras personas, porque debe haber tacto para todas las cosas delicadas que sólo pueden definirse u otorgase si hay conciencia respecto al tiempo y la vida. Tendría que obligarme a saberme absurda constantemente, a mover la cola, a maullar o a distraerme con frecuencia; para dotarme (suavemente) de aquella hermosa capacidad de olvidarlo todo. Incluso aquello con lo que no nací. Tendría que hacerme la tonta, la que se durmió y se despertó averiada, la que ha perdido la cordura, la gorda del quinto, la que nunca dice nada. La que nunca dijo cómo, nada de nada. Quisiera tener pocas razones para enmarcar las paredes con mi queja, como para sectorizar los que no me agradan de los que me agradan en exceso y prolongar mi estancia en otros lugares como por pura estrategia. Para que todos me quieran y algunos me odien con exceso para variar un poco la causa. Pero sé cuándo les gusta creer que es con ellos. Me preocupan las casas y los bultos temblorosos que se ven pasar cuando el carro va andando; se diluyen en las ventanas solitarias en el regazo de los animales salvajes que alguna vez fueron mi cuerpo. Creer que el tiempo ha sido siempre inexorable de sí, me ha salvado de una gran desilusión y sin embargo estoy agradecida.
   
   Que suceda lo inevitable aunque la ira sea medida por mi lucidez y no por cómo vivo y aunque resulte molesto, esta bola torpe no sabe referirse a los recuerdos más que por desecho; es el polvo esparcido a través de las grandes historias por toda la vida.

11.9.12

Comojos de paloma.


     Y a su vez un maullido chicloso le afinaba el oído y casi desesperado tornó en redondas sus pasos, como si quisiera ser más bien el hombre de ese gato enardecido; rabioso mantuvo el interés tras la sombra que ya conocía, era la cola rosada que aquella bola de algodón había dejado en algunos cielos. Casi podía uno sentir ternura de verle garrapatear las calles como un perro, loco de olores que hormigueaban su nariz quejosa de bestias. Suspiraba desmedido como si se tratase más bien de una mujer peluda, de manos alargadas que inefablemente pudo atar él mismo sin malgastar palabra alguna. Uno y otra sorprendidos del fastidio, que a veces les dejaba resolver hacer cesar la huida de una y del otro, quizá por puro cariño o tal vez por aquel desgano de caracteres que se consentían mutuamente. Algunas veces, ella, que a fuerza de carantoñas conseguía soltar maullidos de ira, se acurrucaba en un recuerdo que solapaba su muy acachorrado pelaje. Y quejosa de sí, ocultaba sus pequeñas  patas en la tarea de acongojarse levemente, mas aún su legua en continua danza buscaba disipar la triza de algo. Como los movimientos de pequeño afán, que son comunes en muchos animales de aspecto esponjoso. Tal vez por eso ella, que entretenida en hacer cambiar el color de sus ojos de rubio en negro y de negro en rubio, hacía las veces de criatura perversa, redonda y estrecha de eñes por pura venganza. Él, cada vez con pasos más elásticos, queriendo atajar un brazo que la sombra de su criatura le había dejado definir suavemente, podía adivinarse recién mandado al diablo por un chillido difícil de contentar; y así una vez más dobló en peso su fuerza eternizando por siempre su inquilina soledad. Sus partidas  no le causaron otro efecto que el de hacerle lloriquear una vez cada tanto, quizá por esas naderías que lograba extrañar de su muy diabólico animal y que muy tonto hacían prisioneros a sus ojos de paloma. 







1.8.12

Domingo o miércoles.


   El descanso es un varón recién nacido, gimiendo y reclamando bondad de las manos de todo lo que ahorca. Es una mano terca ondulando de modo coreográfico la bragueta de un pantalón que se hace (in)quieto. Quietud además terapéutica. Conozco bien a la puerta de mi casa y sé que tiene antojos de mujer preñada que van a la par de mis caderas. Con el tiempo me ha dejado saber que las festividades son grandiosas en su propia estupidez, no sé si por la música o por esta gente que va duplicando su ración de ternura. En algún momento me obligó a saber que soy morena, que tengo ojos aguarapados y que me valgo de manos tontas. No he podido menos de atrapar con aquélla misma quietud, esos mismos portazos tristes que se olvidaban algún día de mí y de mi casa, y que van horrendas a desvanecerse en la palma de una mano tonta que a su vez ataja y despide con la misma intensidad. Es una muequecilla recién dada a luz. Recién prendada de algún bofetón didáctico y educativo, de esas cosas horrendas que les pasarán a mis hijos. El descanso está cargado de una cotidianidad tremenda, tanto como un cotejo de techo o una chiripa asalariada, con tez morena, de ojos guarapos y manitos idiotas. Tanto como usted sin dejar llover mi boca en su revés peludo; y es que a usted le gusta pensar que no hay descanso.

22.4.12

Natalidad

Sin cuestiones jocosas, sin abuso mayor;
todo lo hicimos azul 
para así poder dormir 
sin tener que aprender
que hay punzas que saben su camino. 
No te absuelvo de nada
aunque esta jaula parezca inmensa
la panza de un colibrí preñado;
apreso de una viscosidad desesperada
en disección
sin hábitos
con el pico partido en tantos tontos gajos
huyendo de ti
de los huesos uniformes
unido a la necesidad de saberse enfermo
caído
y gordito de rabia:
que se ha creído fértil de sí
porque yo lo engaño,
sin saber que me abruman 
sus ojos de mujer tremenda
apresa de una viscosidad plumosa,
de tictaces flojos 
de esclavina corta
sin un tilín de astucia
infértil. 

  

1.3.12

Jaula.

Me aprendí tu número porque siempre me acuerdo de los golpes sonoros. De los compases y del ritmo. El ritmo que con protagonismo me arranca las horas y me guía a dar por sentado toda la insistencia que invertí en tu cadáver. Pero la frialdad y el jugo delicioso de tu ceso me han dejado huellas blancas en los contornos de una pleura y te me has derramado. Acostumbrarse es como tener un perro guía de por vida, sin darle de comer, sin darle juego. Tenerlo arrodillado en cada paso, dejarlo arrastrar por su propio peso que aumenta acorde a los años. Lástima que en esta carta te es imposible censurarme, pues he dejado al perro amarrado a la pata de tu cama a ver si juega contigo, a ver si se te vuelve útil un día o dos.

Suavecito me escurro por los vellos de tu pecho, porque me he ceñido a tu figura arrogante y no me gusta, pero esos son los efectos secundarios que traen consigo los perros guías. Por mucho tiempo me mantuve quieta y pasiva al régimen de arañazos que me apretaban desde dentro de la pleura y me resisto a tener esta lluvia sentada sobre las piernas porque no puedo con su peso. Porque en algún momento me voy a atragantar y voy a escupirte los hijos que me has negado. Supe por la manera de andar, que te gusta chasquear la lengua como golpecitos de molares de leche cayéndose de mis bolsillos. Por otro lado, extraño esa gimnasia sonsa que solías practicar antes de untarme tus dedos en el centro de mi cuerpo y que yo, coreográficamente pude llegar a aprender. Porque con el tiempo uno se decanta en el otro y cree con cierto recelo que las mañas son un mito. Y luego las mañas se van evocando nuevamente al pasar cada minuto bailable. Para ti, ya no tengo cosas indecibles; todo lo que me hace falta se lo debo a la manada de perros guías que adoptamos una noche. Ahora me hacen falta junto contigo y tu camita pequeña. Porque la costumbre me enseñó muy tarde, que uno es educado para amamantar a vertebrados de sensatez sonora. Nada de verticalidades. 

Ahora me pasa que bajo por la esquina de esa panadería y huyo a mi trabajo por la acera de la biblioteca donde niña me colocaste un nombre y me guío ondulando los semáforos de tronco a tronco y ladeando los pómulos contengo unas lágrimas y tu barba de horas se asoma por la avenida y no volteo porque hay tres de ti a mi espalda y sé que si volteo en cualquier momento voy a volver y si vuelvo no me perdonan nuestros hijos y si te escucho cinco minutos antes de entrar me rasgo las pieles que me abrigan de ti y si las puertas se menguan y ladran más que otros animales te prometo me muero y si comienza a manotearme la lluvia en los pezones y pierdo todo lo que gané por mortal y si descabezo un despecho en el laboratorio de rutina y la radio se enciende para ubicarte y es tu voz cantándome lo de siempre porque a él lo oimos muchas veces y sin saberte ya me esperabas en la esquina de tu casa y me querías para siempre y me cogías las muñecas para que no te dejara y no te dejaba porque no quería y me arrullaste de una vez el sexo y me colocaste otro nombre en el acto y me negaste los niños de siempre y me besaste como en el banco de la primera vez y de tu manera de andar ya sabía que no ibas a amarme y contigua a la risa de tu padre mi bolsa que tiernamente arrullaba tus dulces se hacía de a puños un cubo y yo ligera me hacía cariños en la cara o donde me llegaran las manos para no tener un Dios mío arrodillado en el pecho y en mis viajes conmigo la vida y comienzo a no quererte poco a poco y me agrisan tus chistes de roce y te sorteo un par de vez y me sales una o dos y en el resto casi te dejo y la mesura me explica que la paciencia es como un pez sin pupilas y que se vuelve impredecible cuando recoges un tacón de pandora y te acuso una y mil veces y te dejo adioses en el piso al borde de la ciudad te dejo y no te escucho ni a ti ni a los perros que aprendieron a hablar de los dos y me voy y me lanzo a todos los ríos viscosos.

Nunca he sido buena para escribir posdatas sin embargo necesito a mis perros de vuelta.

20.2.12

Morir de eñe.

Antes de que me faltaran dineros, los dibujaba a todos con el mismo patrón y los cortaba con la misma saliva y el mismo poco encanto que suelo tener al sacar la lengua. Me gustaba la gomosidad que me invitaban las tardes en lo de mi abuela; porque entraban en caos las hormigas bebés si las gototas que llovían no eran de origen dulcemente áspero, sino que por demás eran lipídicas. Todas ellas marronas y feas. Sentía que mientras más el moho, más la gramita verde y pura. Qué bonita; qué reñoña la niña ésta.

Después de mucho vuelco, he parado en la preñez de las palomas con su estrago más bárbaro e inculto. Creo que durante mucho tiempo me han obsequiado regaños de arrollo y a lo largo de cada preñez carnívora, he aprendido que los niños con su bañador apretado y mohoso, no son de fiar. Que las postales que te envían, a veces obsequian un corte señorial para saludar de mano y todo eso. Da lo mismo al aprender que los besos de lengua fueron reprimidos por los ñoños del frunce en la ceja. Porque nos odian dulcemente, porque tienen las cejas pegadas y no se distinguen la una de la otra como dos gusanos siameses; porque todos saben que hacer el amor implica, cortar los cuerpos y los gusanos a las mitades del cielo, porque así se extrañan más húmedos. Y que después de algunos días, se siente venir el otoño rosa, que invita a todos los juiciosos a gemir durísimo, como si las piñatas estuviesen cubiertas y rellenas de flores secas. Más bien de un polvo floral, que se hace metiendo las manos en un licuado de barro y practicándoles asfixia mecánica a todas las flores de lo de mi abuela. Taponándose los oídos para no escuchar sus súplicas. Mezclando muy risueña y arisca, como nacen todos los bebés. Huraños. Mañosos a los tres y borrosos cuando plantan sus pieses a la orilla de todo. Petulantes, como si no fuesen a caerse nunca. Pequeños y ruiodosos. Insoportablemente malditos. Yo también me amañé un par de veces; podría apuntar con meñiques todo lo que no me han dado nunca; engrosarlo bruscamente para que se lea mejor y en verso, como si les gustara a todos o les causara todo lo contrario. De hecho, podría apiñar los versos que tienen dueño; pero por ahora me gusta hacerme esperar. Por otro lado, si los extraños fuesen más ruidosos, fuesen todos bebés con corpiño, gabardina, plises a las caderas, amuñecados todos; pero fuesen de fiar. Lo sabes. Tuviese entonces ser extraño, una finalidad utilitaria. Pero no. Todos son mañores que tú. Apoderados de los bailes, del gusto de los viños blancos o tintos (siniguales y fríos), o de cualquier coña útil en estos días. Mañana me desquicio, te lo confieso casi con ardor. Después de mí, viene la costra; siempre te lo tuve presente. De cuando en cuando voy a volver con delicadeza; y te prometo que cada vez seré más dañina. Recuerda que cuando algo me falta, lo dibujo todo con el mismo patrón y lo corto con la misma saliva y con el mismo poco encanto que suelo tener al tocar un pipí. Mientras tanto voy amuñuñando tu recuerdo. Y eso que te amo y todo, pero en mi añejez voy soltando la clase y soplo un eructo bien emponzoñado, bien sentada como siempre, empeñada en cortejar palomas carnívoras, que estragadas vagamente, buscan alimentarse de mujeres en su noveno mes de preñez. Como si fuese esa la última oportunidad de alimentarse; y lo es, porque tiempo después, mueren en los parques nacionales.  

Eso sí, no tengas tantito miedo cuando soñoliento encuentres esto cambiando el dibujo en tu pared:   

Sí, soy yo otra vez
en tu baño
bien cañiza
de ensueño
sin lagañas
bien mona, con un moño
ñoña
ceñida al techo
doblada, como un pañuelo
aliñando tu comida
extraña
extraño
con la mirada desechable
la de siempre,
haciéndote daño,
con un fulgor redondo,
con mi puño en tu boca;
es que soy tampiqueña
que me hace daño tu meñique
en mi coño. 

31.1.12

Que no se traduzca como crítica; es un reclamo.

Me pesa el desacierto, que vengo de ser nacida en estos días y lo acentúo cada vez más. En lo que digo y en lo que hago y en lo que busco y en lo que espero y en los adjetivos que utilizo y en las pieles que amanezco y en los pavos que me sumo y en los paisajes que me debo y las carencias que me siento y no he podido desvenir. Lo llevo todo colgado en la columna y en las punta de los pechos, esperando volver a una era que me ha debido la subjetividad con la que escribo ciertas cosas. Escueta modernidad me alcanza y le aclaro, que esta naturalidad se ha impuesto sobre los días a pesar de lo doblado. Hay cuestiones que no logro comprender, en estas gentes que nacen indiferentes a lo enternecedor de las vocales. Saber corresponder a las acentuaciones que practico, no es trabajo. No hay que definirme cuando me presento cual fruta que ha recién nacido. No me han cogido de una rama ustedes, natos de la calma y el embellecimiento connotado. No me han sabido ustedes, natos. Personalmente, prefiero ser cogida de la lengua y mesura de la misma, porque no me interesa el prodigio que se inhala y entumece a las almas de agudeza innata. El estado complejo de hostilidad trascrita, no es gemelo al divorcio de situaciones nocivas para vivir y decirlo. De hecho, no existe similitud siquiera de forma estrecha, al esparcir una oleada de molestia transcrita en un montón de versos huecos. No es un revestimiento, es la intención de incorporar, o más bien mantener, la voz que dirige el alma.

Exijo, por despecho y descontento, el retorno de las aves y los pasajes que han de concentrar la calma, que hacen al poema florecer. Las músicas de magia, que revierten el efecto de los espejos morales y se atreven a sonar muy alto. La potencia inmensurable del amorío risueño, que enviste al Dios sonoro y lo emborracha de placer. 

Engordo las vocales que me quedan, porque soy de estas gentes que se suman al magullo, la simpleza y los dolores de un sentir muy solo, muy inmune. Estrujo los lazos febriles, que han sido adorno para los obrantes de hoy día. Estos niños trovadores que no han hecho más que enjuiciar y maltratar a la lengua de los abusados. Merecen, por sí solos, un par de cachetadas de vidrio granizado, a ver si aguantan las palmadas de lo que han dicho y la forma en que lo han hecho. 

No me queda más que coger un trozo de papel, escribir mi reclamo y dedicarme a morir un par de veces; para que así se me tome en serio y logre quedar renuente mi edad hasta la fecha. Para que no se me subestime ni un poquito.   

26.1.12

Her(bívora).

Por cobrar lo tengo todo; 
tengo pupilas verticales
jugando a rasgos maternos,
de ríspido complejo y 
simbólica crudeza. 
debo alimentar de boca, 
porque sin duda, 
no hay nada peor
que tener un crespo impersonal
pendiendo de dos lupas.
éstas, por muy fácticas que parezcan
ocurren húmedas
y muy poco sobrias 
a la visión decimal del resto.
entonces, no tengo todo
sino que en cambio, 
existo en miles de evasiones de poco carácter,
y confío, en que por su infinita misericordia
me ha de conceder el pasaje de ida
y me ha de negar el retorno involuntario, 
por dos siglos y una vida
coagulada en un escombro del mundo.
el frío entonces coexista,
y me imite muy a solas. 
confío en que has nacido
de pupilas horizontales
que te han hecho hoy mi presa;
mas opuesto a mi semblanza,
depredo mi cultura. 

27.12.11

Très.

La tiza pastel ha servido
para motear un chasquido de cuidado,
y se ha posado práctica en la nariz del fondo
porque hay tres cosas que no he podido aniñar
y es que me gusta enarcar una ceja de por medio;
si vuelve un marido con un libro de Anastasia,
se lo estrujo en la cara para que deje de berrear cosas que no son.
para que no haga posdatas en los objetos de mi casa.
para que  bien se chupen los bordíos de mis nalgas
para que los objetos prestos al moteado, se hinchen y no me quieran más.
Porque mira, dicen que muy bruja censuro las vocales juguetonas,
                            y que a veces soy mimosa, y que no tolero los pollos en fuga,
y que me gusta cargar en el vientre: el peso neto de las lenguas muertas,
y que muy bruja ahorco con mis piernas a todo eso que evita lo maternal de mis caderas, y que tengo malicia en las planeces del pecho porque me alimento de lombrices rosadas. Y que tengo una frialdad terrible para coger las barbillas.
te digo, me gustan los tantos pliegues de mi bajo
de carne y vellos;
porque no me ha gustado jamás el revés de esos sexos de rollizo aspecto
pero se me ha educado para curiosear lo que no me gusta
y así mientras nunca me gusta, gozo del zigzag que me habita muy abajo.
y es un caso eso de lo de los objetos, porque me gusta que se peguen a las sombras que deja el polvo cuando se toman de cabeza.
Y se quejan porque no les gusta practicar el orden, y a mí sí.
dicen que entonces, muy bruja controlo y mantengo, y que está mal.
Hay algo visual que me ha estado parando las flemas del centro,
como gárgaras de paloma tibia,
y es que nadie ha llamado por su nombre,
a lo pequeñito de mi centro,
que todo ha hecho por hacerse notar.
se han gastado ya las etiquetas que al raspar la cubierta agrisada,
soltaban un quejido mariano
por cada nombre ilegible.
Los nombres se leen ya muy borroso,
pues bruja he chorreado la tinta
de horas y horas por secar.

25.11.11

El bloqueo de rigor.

Las paralelas no tienen el mismo alcance.
Si se abucheara un nombre de cruce
las paralelas con un gruñido
simplemente se desharían 
de los dobles. 
Porque las paralelas bombean 
cuando se afligen
y se apagan 
cuando tienen miedo.
Las paralelas huyen con el sopor de los flancos
y se enternecen con un sueñecito de tarde.
Si las paralelas no le permitiesen coger un árbol
róbese usted una hoja,
y antes de cruzar la pieza
ríase en la cara de una paralela,
que con un gruñido de rigor,
acaballe a todos
                 todos los rieles
del maullido emponzoñado 
que hacen 
las mujeres 
de
mi
temple bien armado.